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	<title>Escritorio Martinez Quintanilla e Hijos &#187; Sistema de Justicia</title>
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		<title>Il Triste Avocat (ii)</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Dec 2011 03:16:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rafael M. Martinez - Abogado Senior</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<h6>(una historia burlesca de ficción en la flora y fauna judicial)</h6>
<p style="text-align: justify"><img style="background-image: none; border-bottom: 0px; border-left: 0px; margin: 10px 10px 5px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; display: inline; float: left; border-top: 0px; border-right: 0px; padding-top: 0px" class="size-full wp-image-642 alignright" border="0" alt="" align="left" src="http://martinezquintanilla.com/wp-content/uploads/2011/12/3-bureaucracy.jpg" width="351" height="341" /></p>
<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify">Tal vez era el olor a humedad, polvo y papel o tal vez la mera presencia de gente con más de cinco horas en fila lo que termino de despertar a nuestro querido colega al llegar a la Inspectoría.</p>
<p style="text-align: justify">La fila para entrar, la fila para ver, la fila para hablar o la fila para perder el tiempo, todas saturadas de personalidades de cualquier clase. Personas de bajo estrato y mal olor, mujeres de buen ver y amigable aroma, caballeros de buen porte y gustos sexuales determinados, en fin, había de todo.</p>
<p style="text-align: justify">Tras haber pasado tres horas en la fila para ver, escuchando las quejas de aquella señora que se encontraba al frente y que no dudó en aprovechar a este jurista para hacer su respectiva consulta sin honorarios, el triste abogado llega a la respectiva ventanilla de archivo, con una breve lista de dos expedientes.- <em>Buenos días señorita. Podría por favor facilitarme los expedientes números 2009-1138 y 2011-7232?</em> –<em>Un momento por favor</em>- exclamo la mujer de no más de veinticinco años y que vestía una ya desgastada chemise de color rojo en cuya espalda se leía: “El Poder Reside en el Pueblo”. -<em>Doctor</em>- exclamó la funcionaria- <em>El expediente 2009-1138 está en sala de fuero, lo esta revisando una abogada; el 2011-7232 aún para la notificación</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Lleno de paciencia y a contrarreloj como siempre, el abogado va a la fila para hablar, donde al menos tiene quince personas por delante, ninguna abogado, ninguna con audiencias en tribunales en menos de cinco horas, ninguna que dependa de esa diligencia para mantener su trabajo, todas pueblo, todas con poder. Pasan cuarenta y cinco minutos, cuando el abogado llega a esa fea, sucia y deformada puerta de madera mal pintada de azul, que se mantiene cerrada, en espera de que algún funcionario asome su cabeza y pregunte “¿<em>Qué desea</em>?”. – <em>Me han informado en el archivo que el expediente 2009-1138 se encuentra acá y necesito verlo con urgencia</em>. -¿<em>Quién lo tiene</em>? pregunta el funcionario. –<em>No sé, solo me dijeron que estaba acá</em>- responde el colega ya algo cansado. –<em>Espere un momento, déjame ver si lo están trabajando</em>; esbozo la cabeza que se asomaba por esa fea, sucia y deformada puerta de madera mal pintada de azul mientras se cerraba y a la vez era trabada por una silla. Alrededor de una hora trascurrió, asomándose y escondiéndose la cabeza del funcionario, repitiendo en cada tanto: “<em>Lo están buscando aun, espere ahí que yo le aviso</em>.” Quince minutos después del ultimo aviso, apareció este funcionario con suerte de Gato de Cheshire y de manera muy natural dice: “<em>Ese expediente se pasó a archivo ahorita, hubo un acto</em>” &#8211; ¿<em>Cómo</em>? exclama el joven jurista a la vez que nerviosamente empieza a hojear su agenda. – <em>Si, el acto se realizó hace una hora y como el representante del patrón no vino, se acordó el reenganche y los salarios caídos</em>. –<em>Imposible</em>- en tono tembloroso afirmaba el avocat- <em>Si ayer vine y no se había fijado aun en cartelera la fecha del acto</em>. –<em>Es que esa cartelera no se actualiza siempre, Ud. tiene que venir y preguntar acá para saber, acaso ¿Ud. es abogado?, no pareciera</em>-. Acto seguido, se cierra la fea, sucia y deformada puerta de madera mal pintada de azul, desprendiéndose un pedazo de chapa y cayendo al suelo.</p>
<p style="text-align: justify">Inmediatamente nuestro querido amigo entra en cólera, pero no hay nadie a quien reclamar, solo los trescientos trabajadores que a diario se presentan a obstaculizar la administración de justicia con sus sucias carpetas y copias, haciendo las mismas preguntas día a día, los abogados con cierta influencia, que son amigos de los funcionarios y aportan generosas donaciones a diario y dos o tres abogados llorando en alguna silla de plástico al saber que no podrán volver a entrar nunca más en sus respectivos bufetes.</p>
<p style="text-align: justify">-<em>Calma amigo</em>- exclamo una suave y gentil voz en su espalda. Era un señor de al menos sesenta y cinco o setenta años de edad. Vestía un elegante traje negro, con camisa blanca almidonada, corbata negra de seda y yuntas de oro. En su mano solo tenía un papel saturado de numeros, un sobre blanco no mas grande que un billete y una pequeña caja negra. Su mirada era la de un hombre gentil pero cansado; sus cabellos blancos como la nieve le daban un aire señorial. -<em>Tengo casi cincuenta años ejerciendo y esto siempre ha sido así; sino te controlas no vas a llegar ni a los cinco</em>- exclamó mientras tomaba al joven del brazo y lo llevaba con él a la fila para mirar.</p>
<p style="text-align: justify">A todas estas, nuestro amigo abogado se dejó llevar, ya no había caso, el procedimiento estaba perdido, la ilusión de un ascenso estaba totalmente imposibilitada y esto se le veía en los ojos cristalizados. –<em>Cambia ese animo, todo tiene solución. A ver, dame el numero del expediente</em>- exclamaba el anciano mientras sacaba otro sobre de su saco y una pluma fuente. –<em>Aja, expediente numero 2009-1138</em>- Posteriormente, sacó un celular y marco un número, tuvo una breve conversación a voz muy baja y procedió a finalizar la llamada. A los poco minutos apareció un funcionario, que había salido por unas de las puertas grandes de madera y tomo el sobre. El joven y el anciano siguieron en la fila para ver como por cuarenta y cinco minutos más, cuando de pronto el funcionario apareció nuevamente con un acta reponiendo el procedimiento desierto y fijando una nueva audiencia en la cartelera de actos. –<em>Ves como todo tiene solución</em>- exclamaba el viejo con una linda sonrisa. ¿<em>Pero cómo</em>? replico el abogado. –<em>Bueno, a veces hay que hacer a un lado el intelecto y aplicar el poder, no el del pueblo, sino el de los próceres que vigilan atentos al Estado desde los billetes. Por cierto mi nombre es</em>&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">El joven en forma de agradecimiento conversó con el anciano durante media hora más, mientras este llegaba a la ventanilla. En la conversación el anciano le contó como fueron sus épocas de estudiante, su primer trabajo como abogado, su primer escritorio jurídico y sus éxitos laborales.    <br />–<em>Buenos días Dr., ¿cómo esta Ud. hoy</em>?; preguntó la señorita de chemise roja de la ventanilla. – <em>Muy bien Consuelo, me reuniste lo que te pedí- respondió el viejo abogado mientras pasaba disimuladamente el sobre abultado que llevaba en la mano junto la pequeña hoja de papel</em>. –<em>Claro Dr., me tomo un trabajon, pero esta todo listo, déjeme que salga y lo lleve al escritorio donde le coloque los expedientes</em>.</p>
<p style="text-align: justify">La funcionaria, el anciano y el joven, caminaron por aquellos pasillos de húmedo olor hasta un cubículo, donde se encontraba un escritorio y al menos doscientos expedientes encima y debajo del mueble. Eran los últimos doscientos expedientes donde el anciano había actuado como abogado. Todos gruesos, repletos de actas, pruebas y escritos. Todos llenos de polvo y con ese repulsivo olor que siempre flotaba en esa oficina. –<em>Sorprendente que uno en su vida como abogado gaste tanto papel&#160; y tinta ¿no?</em>- exclamó el viejo mientras sonreía. -¿<em>Qué es esto</em>? ¿<em>Para qué quiere ver tantos expedientes</em>?- preguntó sorprendido el joven abogado. Colocando la pequeña caja negra en el escritorio, y reordenando en columnas los expedientes alrededor del mueble, en una suerte de fuerte o muralla, el anciano explicó: &#8211; <em>Te comente que fui un abogado de éxito durante toda mi carrera. Pero ese éxito exigió sacrificio, un sacrificio mayor que el intelectual, un sacrificio personal. Todas las horas que perdemos en nuestras vidas no son gratis, deben salir de algún lugar y las mías salieron de los almuerzos que no tuve con mi familia, de los aniversarios que no celebre, de los problemas de mis hijos que no pude escuchar, de los cumpleaños que no pude celebrar y me aislaron, de los besos y abrazos de mi esposa que no pude disfrutar y hoy extraño. Tengo diez años solo, para mis hijos soy un extraño y para los que están acá, soy un dispensador de sobrecitos. No me decepciono de mi carrera, me decepciono del sistema. El sistema debe cambiar, no es posible que una persona deba estar horas en líneas para recibir un mal trato. No es posible que jóvenes como tu, deban ser vejados por funcionarios públicos no capacitados. No es posible que esto continúe así. ¿Te comente que mi padre fue químico y me enseño muchas cosas?</em>&#160; <em>Era un hombre curioso e impredecible. Una de las cosas que aprendí</em> –comentaba el anciano mientras abría la pequeña caja negra- <em>es que es posible modificar la naturaleza de las cosas. Solo se requieren los elementos necesarios, por ejemplo, tinta de impresora, trinitrotolueno, epoxi&#160; y voila</em>! –exclamó emocionado mientras daba palmadas con sus manos en los expedientes ya apilados que contenían diez años de arduo trabajo, jurídico y químico-.</p>
<p style="text-align: justify">En la pequeña caja negra había varios filamentos de cobre, los cuales el anciano muy delicadamente colocaba dentro de cada expediente. Al finalizar sacó un aparato robusto que a simple vista parecía de elaboración casera, no más grande que un control remoto de televisor. –<em>Al darle a este botón</em>- explicaba alegremente el anciano –<em>este dispositivo generara unas ondas eléctricas que serán atraídas por cada filamento de cobre produciendo pequeñas chispas en el papel.</em> ¡<em>Sorprendente lo que gastamos en papel los abogados en diez años ¿eh?</em>¡ ¡<em>Y ni te cuento lo que se gasta en tinta</em>!</p>
<p style="text-align: justify">Ya preparado y con aire tranquilo, el anciano proclamo: -<em>Hijo, tu acto ya fue repuesto, pero creo que será suspendido al menos durante un año mientras organizan esto, así que tomate la vida con calma, disfruta de tu familia y amigos y recuerda hacer como yo: imprime en doble cara para ahorrar papel. Ahora, vete que tengo tiempo que recobrar</em>.</p>
<p style="text-align: justify">A un paso intranquilo pero lento, el joven abogado fue bajando las escaleras del edificio, se tropezó con una señora embarazada, le comentó que regresara mañana, que ya no atendían por hoy y se dispuso a ir a casa de su madre a conversar y ayudarla en el almuerzo, al fin y al cabo, ese día suspendieron todas las audiencias en la ciudad.</p>
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		<title>Il Triste Avocat (I)</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 15:39:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rafael M. Martinez - Abogado Senior</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img style="border-right-width: 0px; margin: 10px 10px 10px 0px; display: inline; border-top-width: 0px; border-bottom-width: 0px; border-left-width: 0px" title="sadguy" border="0" alt="sadguy" align="left" src="http://martinezquintanilla.com/wp-content/uploads/2009/05/sadguy.jpg" width="153" height="240" /> El sol se esfuma en el mar, todos los brillos se van y la noche cae en Okinawa como barco a luz de luna, mientras que al otro lado del hemisferio, en algún Registro Mercantil, lugar donde se esconde lo que hace “buuuhhh” en la noche, un amanecido joven abogado se encuentra en una cola interminable que le ha consumido prácticamente toda la mañana. Recuerda que dentro de cinco días se vence una cuota del carro y que difícilmente la podrá pagar en el plazo previsto, pues aun tiene pendientes por hacer varias gestiones encomendadas por sus clientes, cada una de ellas acompañadas por largas esperas y discusiones.</p>
<p>Al cabo de unas tres horas, como la marea de la mar, llega a la taquilla de aquel macabro lugar, pero como la marea es caprichosa, se va. En la taquilla le informan que no podrá firmar el documento ese mismo día y que debe dirigirse a la atención de la revisora, ser que se podría considerar cuasi-supremo, pero que al joven abogado divierte llamar en las profundidades de su mente quasimodo, aquel casi hecho perturbado sexual, creación de Víctor Hugo.</p>
<p>Estando algo tembloroso –y cansado- el joven abogado se dirige a la casi hecha y le pregunta en tono respetuoso y jurídico: -<i>Disculpe doctora, me han dicho en taquilla que el acta de asamblea extraordinaria de accionistas de mi cliente ha sido objetada y que debía dirimir con usted las discrepancias que dicho documento, a su buen criterio, posee</i>-. Sin detenerse a pensar por un momento, la quasi se humedece sus labios y de manera frívola e incluso temeraria, responde: -<i>No, lo que pasa es que el documento que trajiste esta malo, así que cámbialo</i>. -<i>¿por qué?</i>, pregunta asombrado el pupilo de Joserand; -<i>Pues sencillo, tu me colocaste ahí que los accionistas decidieron que todo deficitario de la empresa seria legalmente forzado a apoquinar las deudas vencidas</i>- A esto responde el joven: <i>exactamente, así se lo coloque doctora, no veo cual es el problema</i>. –<i>Pues que eso yo no lo entiendo, esas palabras parecieran que fueran inventadas y</i> (sic) <i>hijo, uno en esta vida debe ser claro y preciso, así que te va a tocar acomodar eso y rapidito, porque en cuatro días se te vencen las planillas y te va a tocar volver a pagar, pues tienes que volverlo a pasar por revisión y eso mínimo, con la ayuda de la Virgen del Lujan, son tres días</i> <i>más</i>. El joven, sosteniendo un lindo –y pesado- maletín de cuero en el brazo izquierdo y un libro duramente empastado en el derecho, comete un error de novato y le replica: -<i>Me disculpa doctora, pero lo que usted sugiere es imposible, esto no es más que una mera transcripción del acta que se encuentra ya manuscrita en el respectivo libro de asambleas y recuerde que la única función del Registro Mercantil es la de dar publicidad a los actos de comercio, por ende, ustedes deben limitarse a solicitarme los recaudos de forma sin afectar el fondo</i>. Inmediatamente, imitando un desagradable movimiento para colocarse de pie –muy similar a la del jorobado de Notre Dame,- mira profundamente a los ojos del joven jurista y dice en voz alta mientras lo salpica de labial de catalogo: -<i>Eso no es así, esto es un Registro y nosotros decidimos que se registra y que no</i>; -<i>Dígame en que articulo aparece eso doctora</i>-, pregunta el abogado; -<i>En definitiva chico</i>, dice la quasi, <i>aquí se hace lo que yo diga y punto y ese documento no lo proceso hasta que lo acomoden, te guste o no y de una vez te voy diciendo, que si tu quieres que</i>&#8230; [PUM – SILENCIO – PUM - GRITOS]</p>
<p>Ni los hermanos Mazeud, ni Colin, ni Petit, se hubieran imaginado que el joven abogado saltaría sobre la revisora, aplastando el cráneo con el lindo –y pesado- maletín de cuero, mientras que con la otra mano encajaba el lomo del tomo 2 de la obra Curso de Derecho Mercantil del Doctor Morles Hernández en la tráquea de la funcionaria.</p>
<p>El caos se apodero de la oficina, las demás empleadas asombradas gritaban de terror, mientras corrían despavoridas huyendo de los otros abogados -previamente vejados-, que siguiendo el ejemplo del pupilo, decidieron aplicar la máxima de Couture y ejecutar la justicia sobre la ley. El oficial de policía encargado de la custodia del recinto, rápidamente se acerco al muchacho, tomándolo por el hombro y con voz firme dijo: “<i>Doctor por favor, usted sigue</i>”.</p>
<p>El joven y amanecido abogado, frotando rápidamente sus ojos con ambas manos y percatándose de una extraña sensación (similar a la de Gregorio Samsa cuando despertó aquella mañana), tomo su lindo –y pesado- maletín, dirigiéndose a toda prisa hacia la taquilla donde debía introducir las correcciones del acta de la asamblea extraordinaria de accionistas que el día anterior le fueron señaladas, pues apenas solo le quedaban cuatro días para pagar la cuota del carro.</p>
<p>Viene de [<a href="http://www.rmartinezv.com">www.rmartinezv.com</a>]</p>
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		<title>La Inoperatividad del Sistema Judicial</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Oct 2008 01:27:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rafael M. Martinez - Abogado Senior</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Todos]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestro Sistema Judicial ha sido reformado en muchas oportunidades, pero para la fecha no podemos admitir, para quienes conocimos los anteriores, que el sistema ha mejorado, al contrario, ha colapsado operativamente hablando. Por un lado tenemos a la mayoría de nuestros Tribunales en infraestructuras sumamente lamentables. Poco espacio físico, carencia de baños públicos, zonas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img style="border-right-width: 0px; margin: 0px 5px 3px 0px; display: inline; border-top-width: 0px; border-bottom-width: 0px; border-left-width: 0px" title="image" border="0" alt="image" align="left" src="http://martinezquintanilla.com/wp-content/uploads/2009/01/image8.png" width="240" height="176" /> Nuestro Sistema Judicial ha sido reformado en muchas oportunidades, pero para la fecha no podemos admitir, para quienes conocimos los anteriores, que el sistema ha mejorado, al contrario, ha colapsado operativamente hablando.</p>
<p>Por un lado tenemos a la mayoría de nuestros Tribunales en infraestructuras sumamente lamentables. Poco espacio físico, carencia de baños públicos, zonas de acceso limitadas, insuficiencia de estacionamientos, entre otras limitantes.</p>
<p>A nivel de personal ha desmejorado mucho el nivel, la principal razón: Falta de Preparación. Primero no se les educa para atender al publico y a los abogados con el respeto y dedicación que estos merecen. Es normal recibir un mal trato por parte de un Alguacil o un Archivista, llegando a veces al punto de tener que someterse a las condiciones que estos imponen, degradando así nuestra profesión. Los Secretarios de los Tribunales tampoco son la excepción, algunos no poseen conocimientos básicos del proceso, solamente se sientan a recibir diligencias y en muchas oportunidades ni esto.</p>
<p>La mala organización en los Archivos es una de las principales problemáticas de los Tribunales hoy en día. Uno debe realizar colas de hasta dos horas para luego recibir como respuesta que el Expediente no aparece. Otro problema es el trato igualitario que se le dan a las personas en los Tribunales, abogados y no abogados. Un ejemplo de esto es el caso de los penales, laborales y menores, donde los abogados debemos hacer una misma cola para entrar al tribunal, solicitar un expediente e incluso realizar una audiencia con el Juez o el Secretario. Los Abogados trabajamos y por ende vivimos de nuestra actividad profesional, son nuestros actos los que forman el proceso, por ello no podemos estar sometidos a los mismos tratos que a un ciudadano normal, pues se estaría por ende afectando la actividad tribunalicia en si. Los tribunales deben crear un despacho exclusivo para atender al publico no abogado y así estos no interfieran con la actividad diaria.</p>
<p>El silencio o incompetencia por parte de los Colegios de Abogados en esta problemática ha sido grave, lo que demuestra una vez mas que se debe reconsiderar las funciones de los mismos. Un Colegio de Abogados responsable y vigilante de los derechos de su gremio, al cual pertenecen los jueces y secretarios de un tribunal, debe buscar soluciones concretas, exigir el respeto de sus agremiados y demandar un sistema judicial cien por ciento operativo, que no solo traerá un provecho a los profesionales del derecho, sino a la ciudadanía en general.</p>
<div class="tweetthis" style="text-align:left;"><p> <a target="_blank" rel="nofollow" class="tt" href="http://twitter.com/intent/tweet?text=La+Inoperatividad+del+Sistema+Judicial+http%3A%2F%2Ftinyurl.com%2F3hpppcq" title="Envia este post a Twitter"><img class="nothumb" src="http://martinezquintanilla.com/wp-content/plugins/tweet-this/icons/en/twitter/tt-twitter2.png" alt="Post to Twitter" /></a></p></div>]]></content:encoded>
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